lunes, 19 de junio de 2017

Cuenta atrás

Voy a iniciar una cuenta atrás
y cuando llegue a su fin,
quiero que grites tan fuerte que queme
y destruya mordazas.
Hoy a mi poesía le han dado una paliza
de las que se graban a fuego lento
en las esquirlas de un corazón de poeta,
reflejo y bala.
Estúpidos todos aquellos
que no saben que nuestros versos son a prueba de balas
y devuelven cada ataque
 con la fuerza de nuestras convicciones.
Te invito a atacar, si así lo deseas.
Porque lo que no nos mata nos hace más fuertes
y la certeza de nuestras ideas
convierte vocablos inertes en soldados valientes.
Veo en mi espejo
los despojos de una sociedad reticente y adusta.
Algo les debió de salir mal
a aquellos que siempre se creen poseedores de la última palabra.
Escriben su epitafio de supuestos héroes reincidentes
entre ese momento en que un niño muere abrazado por el mar
y ese otro entre los derrumbes de un pueblo que lo ha visto crecer y ahora decae.
Esos héroes silenciosos y silenciados,
que abandonan sin decir adiós, sin epitafio y ni siquiera tumba,
porque sólo el tiempo, la pólvora y la sal serán testigos.
Mentiría si dijera que hace falta ser poeta
para ser poesía,
pero también si dijera que un poeta
no es un guerrero que se enfrenta al temporal
con las manos desnudas.
No tengo nada más que añadir.

Tres,
dos,
uno.








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